miércoles, enero 28, 2009

Trabajar desde los Valores

Trabajar desde los Valores, pienso, que ha sido uno de los elementos "no negociables" de un consultor. En mis visitas por el espacio virtual, me he topado con blogs realmente interesantes como Yoriento, CumClavis, Consultoría Artesana, Senior Manager, etc.
Leo por primera vez, el concepto de “Consultoría Artesana”, que es la que trabaja desde la realidad y las herramientas de cada organización a la cual se ayuda, conociendo sus habilidades y competencias, así como sus defectos.


Así como un artesano, un creador, que a la arcilla bruta, puede darle el valor agregado de una tinaja. En el proceso, se moldea la arcilla, se seca o madura y se hornea, para cambiar, y ser resistente al agua, calor y uso.

De mis blogs preferidos de ahora, CumClavis, le dedica un tiempo a reflexionar sobre valores, tanto del consultor como de la organización. (Deberían coincidir, si no, el consultor no debería comenzar). En su último post, reflexiona sobre conceptos de Consultoría Artesana, algo como para ponernos en contexto. Yo he copiado su post y me he permitido algunos aportes personales, que indico en algún otro color. Me gustaría que este foro virtual, sirviera así mismo, para que me ayuden mis lectores a nutrir, aumentar o corregir la lista, que tan amablemente Manel, compartió con la web. El texto sigue así:

“Los valores que [me] propongo son: (de CumClavis, http://cumclavisblog.blogspot.com/ )”

Artesanía. (Consultoría Artesana) Trabajar desde la realidad del cliente y confeccionar a medida de la organización a partir de su propia realidad y de los materiales disponibles en el momento [apartarse de la producción Prêt-à-porter]. (Yo diría que esto es Consultoría Artesana)

Autonomía: Buscar en todo momento la independencia del cliente respecto al desarrollo y/o utilización del servicio/producto ofertado.

Inmediatez: Reducir al mínimo el tiempo de respuesta tanto en la atención de la demanda como en cualquier momento del desarrollo del proyecto. Velocidad de respuesta

Sostenibilidad: Cooperar activamente en aquellos aspectos directamente relacionados con el mantenimiento y la mejora del mundo en el que queremos vivir y legar. Entender la realidad cambiante del cliente, mantenernos en sintonía y poder vincularnos rápidamente con sus necesidades. La sostenibilidad, es que el cliente pueda contar contigo en cada período de consulta, mantengas registros, indagues y te reportes continuamente.

Utilidad: Ofrecer en todo momento una respuesta a la medida de las necesidades y expectativas del cliente.

Anticipación. De tanto conocer al cliente, podemos deducir sus necesidades futuras y desarrollar la capacidad de anticiparnos a ella.

Confianza y confidencialidad: Es un valor de ambas partes; la verdad es que el cliente debe tener confianza en tus habilidades, pero además en tus valores. La ética es uno de ellos

Incondicionalidad: Sin perder tu identidad y tu tiempo libre necesario, el cliente debe contar contigo en cualquier momento

Espero sus aportes, amigos…!!
Imagen tomada de: SeniorManager

martes, enero 20, 2009

MENSAJE A GARCÍA

Una de las características de los equipos de alto desempeño, es sin lugar a dudas, la pro actividad. Su opuesto es la reactividad, que se evidencia en el gerente reactivo. Así como en química, que solo cambia de color un líquido, en presencia de un ácido.
Cuando uno se gradúa no sabe de esto; lo único que se puede hacer, como dicen en mi país: es “ponerse las pilas” , y echar para adelante con lo que nos toque, y tratar de aprender lo mas que se pueda en el intento.

A veces, es divertido aprender, cuando se ve en retrospectiva, como lo vengo haciendo desde un tiempo para acá. (Serán las canas):

Allá por 1982, en febrero, una semana después de haberme vestido de negro, y haberme emocionado escuchando el “Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus” (Himno al graduado, de autor anónimo del siglo XVII), me llamó el Arquitecto de la oficina. Mi trabajo:
-¡Debes lograr que el Ince me pague la deuda..!!.
Con mis dos ojos abiertos y escuchando, esperando que siguiera hablando, tras haber esperado como 10 eternos segundos, pregunté:
-Ajá, ¿qué es el Ince?, ¿qué le deben?. Esas dos preguntas me las contestó, pero a la tercera, dijo:
-ah carajo, “Mensaje a García”

Salí rápidamente, a sentarme en mi cubículo a escribir los datos que tenía. El Ince era el Instituto de adiestramiento y le debían pagar por un proyecto que había realizado. La lista de los datos era 2, y las preguntas que tenía, 10. Me asomé por encima del tabique a ver quién de los sentados trabajando, me podía ayudar. Adelante, una señora oriunda de Yugoeslavia, a mi derecha, el jefe, que aparentaba ser bravo, otro adelante, un señor con canas, al otro lado, el dibujante. Me decidí por las canas. Agarré mi papel con los datos, y tras pensar que solo tenía oportunidad para hacer una pregunta de las diez, me decidí por la adecuada: -“Disculpe Señor Manrique, ¿qué es el mensaje a García?.

-“Uhmm te dijo eso? Te jodiste!. Mensaje a García es un cuento, que indica que uno no debe hacer preguntas, decidir por sí solo, y buscar soluciones”
30 palabras más, que lo que hizo fue aumentar el número de preguntas: ¿Un cuento?, ¿No preguntar?, si no pregunto cómo se´?

En la tarde tenía, como veinte preguntas y solo 2 respuestas. ¿Qué debía hacer?
Si era un cuento, debía estar en una librería. (Tenía una muy buena a 100 metros de la oficina). Efectivamente, compré el pequeño libro, con muy pocas páginas; (de hecho, el cuento sólo tiene como tres páginas, las demás son la explicación del cuento.). Me lo leí ávidamente, como quién se come un “Perro-caliente” en una fiesta. Hallé las primeras respuestas, o por lo menos supe el porque me mando a leer este libro. Todo se trataba de ser proactivo, de tener iniciativa, de avivar la investigación, las ganas de resolver, que te reten y vencer. Eso lo aprendí en un solo día. Quizá, el aprendizaje profesional más importante de la primera etapa de mi vida.

Al día siguiente solo hice una pregunta:
-¿Tengo permiso para revisar los archivos de la oficina, para poder cumplir con una orden del jefe?. Al oír el “sí”, comencé a buscar lo necesario, y encontré el proyecto, conocí al cliente, supe de la deuda, de las razones por la falta de pago, llamé a las oficina central del Ince, hice un organigrama; todo hasta llegar a la gerente de pagos, que estaba en Ciudad Bolívar, como a 500 kilómetros de Caracas. ¿Cómo resolver el tema sin tener que viajar?. Ese momento, a una semana y dos día de haber empezado a trabajar, sabía que era una prueba real, que si no cumplía, debería dar por terminada mi aspiración de trabajar más allá de los tres meses de prueba.

El tema fué, que a las dos semanas, estaba el cheque sobre su escritorio. Algo así, como haber subido el Everest. “La hazaña” Para mí, el aprendizaje ha sido más importante que el pago, pues me permitió entender, tiempo después, que el secreto del éxito (uno de ellos), está en ser proactivo y nunca reactivo.

Amigo, lector, si alguna vez te dicen: “Mensaje a García”, sabes que no hará falta ir a una librería, (en el 82 no teníamos Internet), sino que con dar click, ya resuelves. Igual, para hacerte la vida más fácil, le das click, acá.
Alberto

PD1. Hoy en día, bastaría encender el celular y enviar un mensaje de texto, a tus conocidos, en el entendido que por la gerencia de redes e hipernodos, le llegará a García, vía un “meme”, el mensaje, en menos de una hora. (Imagen tomada de Elpais.com)
PD2: A aquellos que se emocionaron con el “Gaudeamus” como yo, les coloco la letra y la traducción, así como la fuente.
http://personal.us.es/alporu/historia/gaudeamus.htm

Gaudeamus igitur,
iuvenes dum sumus. (bis)
Post iucundam iuventutem,
post molestam senectutem,
nos habebit humus.

(Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra. )
Ubi sunt qui ante nos
in mundo fuere?
Vadite ad superos,
transite ad inferos,
ubi iam fuere.
(¿Dónde están los que antes que nosotros
pasaron por el mundo?
Subid al mundo de los cielos,
descended a los infiernos,
donde ellos ya estuvieron. )
Vivat Academia,
vivant professores.
Vivat membrum quodlibet,
vivant membra quaelibet,
semper sint in flore.

(Viva la Universidad,
vivan los profesores.
Vivan todos y cada uno
de sus miembros, resplandezcan siempre.)

miércoles, enero 14, 2009

Las tres cosas

Este semestre mi audiencia son estudiantes de noveno semestre de ingeniería, lo que quiere decir que se sienten con razón, mas profesionales que estudiantes. La semana pasada, uno de ellos me preguntó si lo iba a hacer bien en la calle cuando se graduara. Esa es siempre la inquietud que sienten los que se van a graduar; que no saben exactamente de lo que va a ser capaces de hacer.
Hace muchos años, cuando yo estaba en lo mismo, le hice exactamente la misma pregunta a mi profesor de filosofía, y él en tono muy humano me dijo, que nunca iba a saber de lo que era capaz hasta que lo hiciera. Pero lo más importante fue que me dijo que me tranquilizara, que él sabía, que íbamos a hacer lo correcto, correctamente.

Y así fue. Es años más tarde, cuando leyendo a Carla O´Dell, en su libro, “Si solo supiera lo que sé” , que me di cuenta que la duda surge desde adentro, cuando hemos pasado cinco años aprendiendo de maestros y solo conocemos intuitivamente nuestro conocimiento tácito, pero no lo conocemos en forma explícita. Es decir, que no hemos podido “leer” lo que sabemos, pues esto, se irá escribiendo en la medida en que vayamos ejerciendo la profesión. Para Gestión del Conocimiento es claro; lo que “sabemos hacer” (conocimiento tácito o know how), y lo que “sabemos, que sabemos hacer”, (conocimiento explícito).

Cuando me gradué, hacia 1982, no tuve lapsos de acomodar mi conocimiento. Me gradué un viernes y el lunes siguiente ya tenía trabajo en un taller de arquitectura. Cuando llegue a mi primer día de trabajo, sentía cosas extrañas; tanto dudas, como expectativas y emociones. La verdad es que no fue un trauma; era una oficina pequeña con mucho trabajo y con un buen ambiente para concentrarse. A la hora del almuerzo, el dueño de la oficina, un arquitecto muy reconocido en Caracas, el Arq. Martín Vegas, autor de la Torre Polar, me invitó a almorzar. (El Arq. Vegas se graduó en el Instituto Tecnológico de Illinois, y él me dijo que fue discípulo de Mies Van der Rohe)

Cuando íbamos caminando al restorán, allá en Las Mercedes (Urbanización comercial de Caracas), me dijo:
-“De trabajar en la oficina puedes aprender tres cosas muy importantes, de tres personas. (Ya sabía que eran tres gerentes). –De Carlos, (el arquitecto en jefe), vas a aprender el diseño, la visión espacial y tridimensional. Debes desarrollar la visión e inteligencia espacial, para que veas las cosas en el espacio.” (Tiempo después, esa capacidad humana fue desarrollada por los servidores y el AutoCad, por ejemplo).

-“De Manrique, debes aprender cómo se "casan en matrimonio", los materiales de construcción; debes saber que la piedra y el vidrio dilatan distinto, que a los arquitectos no nos gustan ni las grietas ni las fisuras en las fachadas. El matrimonio de los materiales es fundamental para el desarrollo de un proyecto de calidad”

Hasta el momento, escuchaba con toda mi atención posible, ya que había dispuesto a mis neuronas, a trabajar como esponjas secas frente a un mar de conocimientos y vivencias.

Por último, terminó: -La tercera cosa que debes aprender, es la capacidad de entender al cliente, de anticiparse a sus necesidades, que crear es un acto de todos, en pro de un buen producto. La experiencia, (las canas),por tanto, es fundamental en el ejercicio de la arquitectura. La visión de conjunto. – Eso, lo vas a aprender de mi”

Más o menos así debieron haber pasado las cosas, y así lo cuento, porque además, esas tres cosas habrían de acompañarme por todos los años siguientes a ese momento, en que he dedicado mi vida profesional a la construcción y al desarrollo inmobiliario, y tiempo después, en la consultoría de cambio organizacional.
En resumen, espacio, materiales y procesos. Un poco de Facility Manager que debe saber cuatro cosas: espacio, tecnología, procesos y gente.

Alberto
imagen tomada de: http://multinationalcorp.blogspot.com/

sábado, enero 10, 2009

lunes, enero 05, 2009

Un 15 de Septiembre, como a las cinco de la tarde...

Cuando se forma un equipo de trabajo para un proyecto determinado, el gerente debe tener la visión de equipo y tratar de integrar a la mayor variedad de habilidades y competencias que le sea posible. Así, escoge al monitor métrico, al de visión financiera, al “stakeholder”, al líder, al “sponsor” o soporte gerencial, y al “story teller”, entre otros.


Este último tendría la función de observar los que sucede, recopilar, editar y validar, las mejores prácticas del proyecto y sus resultados, así como hacer referencia a soluciones exitosas anteriores. Ser un “Cuenta cuentos”, es sin duda alguna, la mayor expresión que involucra a la gestión del conocimiento, en la gestión de proyectos. Él debe cerrar el proyecto, mediante una recopilación de lo acontecido, así como los resultados, y la mejor forma de hacer las cosas, para que puedan, a través del conocimiento explícito, servir a nuevas experiencias de futuros proyectos. En sí, una rueda de aprendizaje positiva, que hace que el punto de partida, nunca más, vuelva a ser “cero”.

En este orden de ideas, me parece conveniente, tratar de contar historias relacionadas con mis 27 años de ejercicio profesional, en la construcción, primero, y en la consultoría gerencial, tiempo después. Me permito entonces, relatar algunas anécdotas simpáticas vividas por quién les narra, y por los protagonistas de los proyectos de desarrollo. Esta es la primera:

Dícese que dicen que dijeron, (yo lo viví), que cierto día de marzo por al año 1983, en plena remodelación masiva de la Torre Polar I, ícono de la Caracas moderna, y símbolo definitivo del modernismo internacional, al equipo diseñador liderado por el respetado y conocido arquitecto Martín Vegas, se les ocurrió cambiarle el color a la estructura de acero de la fachada, de azul a marrón. En la oficina se pensó que una remodelación tan grande, debía enviar señales que se había realizado un esfuerzo importante para adaptar y modernizar un edificio de 1954. Entre las personas que visitaban la oficina, (muchos arquitectos), había uno en especial, que trabajaba en la conservación del patrimonio artístico de la nación.

Aunque Vegas era el diseñador original, (Vegas y Galia arquitectos), se le consultaba a otros los pasos importantes que se pudiesen dar, y afectar al entorno. Este arquitecto, se lo comentó al cronista de Caracas publicando un artículo sobre la “memoria de la ciudad”, de los “hitos y los símbolos”. El edificio le pertenecía a Caracas y no podía pasar del azul al marrón, pues atentaba contra la memoria de la ciudad.

En pocos días las escuelas de arquitectura de la ciudad habían hecho foros al respecto, y se siguieron publicando artículos sobre el impacto en la imagen del edificio. En la oficina habíamos hecho croquis de edificios marrones, pero nunca era una decisión tomada, hasta que a las dos semanas, se recibió una carta solicitando, en nombre de los “cultores de Caracas”, se reconsiderase el diseño. Al día siguiente, nuestros croquis volvieron a ser azules. Pero había un problema: ¿Cuál azul?

Yo era entonces, el arquitecto residente de la obra, y me tocó buscar catálogos, pinturas, texturas, marcas y formas de aplicación. Desfilaron un gran número de expertos y contratistas que colocaron sus muestras en los perfiles en la fachada norte, que es la que ve hacia el cerro el Ávila, de Caracas, (Guaraira repano), un espectacular parque nacional, que nos separa del mar. No hubo acuerdo. El arquitecto Vegas, siguió solicitando colores para decidir en consecuencia. (El color original era azul, pero ya estaba desteñido desde 1954 a 1983, quedando un azul muy pálido y no pudiendo conocer su color original).

El 15 de Septiembre de 1983, ya casi a las cinco de la tarde (ya era hora de irnos a casa), llegó el arquitecto a ver las últimas muestras en la fachada. Subimos a lo alto de la torre, vio las muestras y exclamó: ¡Bravo, ese el color!!. ¿Cuál de las muestras?, le pregunté, “Ninguna. Es el color del Avila..!!”

Era el color del cerro mágico que cambia de colores según la hora y el mes del año, lo que lo impactó. Al día siguiente, fui con mis contratistas a observar el cerro, a la misma hora, para tratar de simular el color. A la semana, estaban todas la muestras y texturas y regresó Vegas a comparar, ya a las cinco de la tarde y con tan mágico fondo dijo: : “!Ahora si!
Es por eso, que si alguna vez pasan por Caracas, en algún día de Septiembre, como a las cinco de la tarde, verán que edificio y la montaña, se comunican en un diálogo mágico de colores y texturas. (El cerro el Ávila se torna azul hacia el atardecer). Otro aspecto mágico, fue que el equipo que remodeló la torre, fue el mismo que lo construyó en 1954.

Cuando me preguntan el nombre del catálogo de la pintura del edificio les digo: “Azul del Ávila, un 15 de Septiembre a las cinco de la tarde”. (Años después se conocería en catálogo, como azul Polar).

Alberto

Arquitecto: Arq. Martín Vegas y Asociados. (Vegas y Galia, en 1954)
Gerente: Enrique Pardo (Técnica Constructora, en 1954)
Calculistas: Ingenieros El “Chino” Fuentes y el Dr. Gañango. (Fuentes y Gañango, en 1954)
Propietarios: Familia Mendoza. (Idem 1954)
Fotos tomadas de: http://es.wikipedia.org/wiki/Torre_Polar_2